viernes 18 de enero de 2008

10 MILÍMETROS (microrrelato)


- Ese hombre -Sr. Aguirre- era Carlos Soto Roblellano. Nació en Oviedo en 1882, emigró a México en 1920 y nunca regresó...
- ¿Cómo lo ha descubierto, Sr. Llanera?- me interrumpe altanero.
- Mi oficio consiste en ver, oír... y callar todo lo que me impida ver y oír más. Mi respuesta fue abrupta, pero me importaba un bledo que le molestara.
El día que entró en mi despacho se presentó como directivo de metro, plantó sobre mi mesa una foto del día de su inauguración y me dijo: - “Averigüe quién era este hombre y le pagaré 3.000 euros.”
Apenas se marchó, llamé a Teresa. Su comida, su charla y otras cualidades suyas son lo que alguien como yo necesita siempre. El beso en el quicio de su puerta me lo confirmó.
A la mañana siguiente, mientras desayunábamos, le enseñé la foto.
- Mira -me dijo- si te imagino con traje, eres él.
- ¡Cómo te quiero! Le di un beso y salí hacia la casa de mis padres. En metro. Sí, ya sé que no es típico de un detective, pero tampoco Marlowe iría en coche por este Madrid.
Mi madre estaba fijándose en el rey, cuando la abuela le arrebató la foto y gritó: ¡El tío Carlos!
Nos contó que Ashers & Morris, socios de la empresa de tranvías de Madrid, le contrataron para sabotear el metro. Provocó varias huelgas y manipuló los planos hasta rebajar el ancho de vía en aquellos misteriosos 10 milímetros. En 1920 desapareció. ¡Un bala perdida! –sentenció la abuela. No, un espía –afirmé.
De esto hace dos semanas. Ahora estoy otra vez ante ese directivo, que juguetea con sus tirantes y me ofrece unos bombones que habrá rateado a su secretaria. Este tipo no se merece saber más del tío de mi abuela María. Tomo el dinero y me marcho.
Hace un rato que anocheció. Me apetece un irlandés. Llamo a Teresa y nos citamos en el Jazz Bar. Llega, una vez más, tarde.
- ¿Sabes por qué me gusta quedar aquí contigo?, le pregunto con una sonrisa.
- Sí, cariño, pero dímelo otra vez -me contesta mientras acaricia mi nuca.
- Que llegues tarde, porque durante ese tiempo sólo pienso en ti.

Este relato breve está basado en tres hechos reales: 1) en la foto de la inauguración (Cuatro Caminos, 1917) hay una persona “desconocida”; 2) el ancho de vía fue 10 mm inferior al previsto en los planos; 3) la competencia entre empresas (tranvías y metro) y gobiernos (ayuntamiento y gobierno central) fue muy dura, con fuertes discusiones, enfrentamientos personales, peleas en la calle, denuncias, detenciones, huelgas, etc.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Me ha gustado mucho este relato, desconocía todos los datos en los que se apoya el mismo, que hubiese en un desconocido en la foto de inauguración, que finalmente fuesen 10 mm más estrechas las vías y tampoco imaginaba siquiera la competitividad entre tranvias, metro, etc. Creo que cuando leemos partimos de la realidad conocida, esto es del presente que vivimos o como mucho del pasado que nos enseñaron en su día y de loq eu hemos ido aprendiendo a lo largo de la vida; pero en cualquier caso es muy difícil ponerse en el tiempo en el que sucede la acción y ser consciente de las coyunturas de entonces.
Por ejemplo todos hemos leído una y mil veces que la internacional en España, nace con el viaje de Fanelli, enviado de Bakunin que contacta con el nucleo precursor... y lo hemos dado por hecho. Sin embargo hace unos meses leí el libro de Elia Reclus "Impresiones de su viaje por España en tiempos de la Revolución" y no ligué esta lectura a lo que "ya sabía" con anterioridad. He tenido que empezar a leer recientemente a Max Nettlau "Miguel Bakunin la internacional y la alianza en España 1868=1873" para ligar ambos aspectos de un mismo viaje y ver que siempre ha sido igual de complicado todo. El que se condensen o simplifiquen tanto los hechos històricos a la hora de contarlos a los demàs hace que no se les dè la importancia que realmente tienen. En este caso tu relato hace el camino contrario.
Salud

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