domingo 2 de marzo de 2008

ASAMBLEA versus REFERÉNDUM

A todos, más de una vez nos han dicho y nos volverán a decir, que el referéndum es la mejor forma de expresión de la voluntad: “Se vota con las manos (votos) y no con los pies o la boca (la voz)”. ¿Se trata de un consejo, u orden, para ser “civilizados”? No. Con ello se pretende que nadie se mueva, que nadie hable, que nadie haga algo por sí mismo distinto a votar en una urna. Quedarse inmóviles y mudos para que otros negocien y sean los únicos con voz. Una persona, un voto, pero sólo el voto. Para dominar, el dictador (el directivo, el ejecupijo sindical, etc.) solo tiene que negar la palabra o montarse un referéndum a su medida.
En la ASAMBLEA:
Se da la cara. Muchas veces, la gran censura a los sindicatos traidores y esquiroles es, precisamente, no dar la cara. Claro que si tuvieran dignidad para hacerlo no serían traidores ni esquilores. Hay sindicatos que si acuden a la Asamblea es para callar, no tomar posición, por más que los trabajadores se la requieran. Otros piden la palabra para retar chulescamente a los trabajadores.
Se adquieren compromisos ante todos: fuerza el compromiso, tambalea el doble lenguaje. La palabra, en una asamblea, “no es para que se la lleve el viento”. Por ello, algunos acuden a la asamblea por compromiso, pero llegado el momento de asumir compromisos, desaparecen y reniegan de la asamblea general. Se aumenta la confianza, fortalece. Frena el egoísmo individual que tiende a desmovilizar y romper solidaridades.
Se aprende a tomar decisiones junto a otros compañeros y así, también, conocer los efectos de las decisiones “individuales”, que nunca están aisladas de los demás: nadie es una isla y esta es una gran trampa que esconde el referéndum.
Y cuando se vota en un referéndum: ¿qué se vota? ¿qué alternativas se permiten? Si no hay alternativa, no hay democracia. En el contexto laboral, el referéndum se impone tras una medida dictatorial de la empresa, consentida por esquiroles y los sindicatos empresariales, que rápidamente se encargaban de definir a posteriori la “pregunta democrática”. El referéndum fomenta el individualismo y rompe la solidaridad.
La Asamblea delega. Es cierto, pero no se delegan personas ni derechos, sino que se trata de una delegación de decisiones (incluso desconvocar una huelga, para controlar a algún despabilado), de posiciones, de puntos de vista adoptados por la asamblea. Es una delegación imperativa. Y este acto fundamental no lo entienden quienes avalan el referéndum frente a la asamblea y, además, niegan a esta. Una asamblea tiene capacidad para revocar decisiones y representantes, otra característica esencial y que también la aleja de la democracia representativa que nos han impuesto.

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