miércoles 28 de mayo de 2008

LAS ÚLTIMAS CINCO MIL MILLAS DEL CAPITAN NEMO (microrrelato)


Señor director y estimados lectores del Petit Journal, les escribo en nombre de mi abuela y de mi madre, con el único fin de aclarar a todo el mundo las verdaderas circunstancias que motivaron el extraordinario viaje que mi tío, el capitán Nemo, inició el día de Navidad de 1865 y las dudas sobre su desaparición a principios de este año en las profundidades del mar de Noruega.
Una tarde, mientras paseaba por el parque Monceau de París, se le acercó una gitana que le auguró cómo iba a morir. Mi tío amaba el mar como si fuera un ser vivo y aquellas palabras le dejaron muy preocupado. Al regresar a casa nos contó lo sucedido y se encerró en su despacho durante el resto de la tarde. Cuando salió, de nuevo era el marino sereno que conocíamos y me pareció que sonreía al decirnos: “Queridas, voy a realizar un viaje bajo las aguas del océano, veinticinco mil millas navegando entre sus corrientes, y sobrevivir con todo lo que él me provea”.
A pesar de como el Sr. Verne ha titulado su biografía de mi tío, estamos convencidas de que siempre pretendió recorrer esas cinco mil millas más para afrontar su destino, adentrándose en el más profundo y temible conflicto de mareas, ese inmenso torbellino que engulle todos los barcos y al que los marinos del Norte llaman “Maelstrom”.
Por ello, a mí no me sorprendió el grito apasionado que el profesor Aronnax le oyó en el Nautilus: “¡Qué nos sepulte el océano!”.
Anne R. Nemo, en París, a 2 de diciembre de 1870

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