lunes 7 de septiembre de 2009

Un EXPLORADOR del AIRE


“En mi juventud, al dormir, me parecía que, aligerándome, subía hasta las nubes…” (Cyrano de Bergerac)

Apenas había amanecido. Todo estaba aún quieto. Detenido. Quizá expectante ante aquel hombre que despertaba en su sueño de alcanzar las nubes. El mismo sueño que prendió en él hace muchos años, mientras subía a un árbol del parque Monceau de París, como aquel niño rampante que conoció Ítalo Calvino.
Acariciaba el sol la Estatua de la Libertad de Nueva York, cuando ese hombre, Philippe Petit, daba su primer paso por el sendero que había trazado entre el vacío que unía las Torres Gemelas de esa ciudad.
La policía enseguida se presentó en la azotea de las torres y ordenó que dejara inmediatamente de caminar. “¡Acaso se puede llamar caminar a lo que yo estoy haciendo!”, se dijo Petit para sí mismo.
“Man on wire!” No cesaban de gritar por sus walkies unos agentes de la policía neoyorquina. “¡Regrese a la azotea! ¡Es una orden!”, le gritaban otros policías. Órdenes, órdenes. Como sus padres aquella tarde que trepó al olmo más alto de París.
En las ventanas de las Torres y de varios edificios de alrededor, y en las calles, allí abajo, muy abajo, se reunían caras y ojos, corazones, primero sorprendidos, luego soñadores como él, compartiendo su anhelo por alcanzar las nubes desde aquella cima urbana, el doble Everest recién construido por los hombres. Como aquella otra tarde, hace veinticinco años, en el parque Monceau de París.
Phillippe Petit tampoco obedeció las órdenes que le daban esa mañana del 7 de agosto de 1974, y caminó, de una torre a la otra, sobre un estrecho cable de acero, tendido a hurtadillas entre ambas la noche anterior. Ocho viajes de cuarenta y tres metros cada uno. Un sendero de trescientos cuarenta y cuatro metros a cuatrocientos diecisiete metros de altura. Cuarenta y cinco minutos caminando cerca de las nubes.
“Allí, entre el aire, me siento un explorador en un mundo diferente”, les dijo a los policías que le condujeron a la comisaría de Manhattan, una mañana como esta, veinticinco años atrás, acusado del primer acto de terrorismo artístico de la historia de la Humanidad.

Islandia, 7 de agosto de 2009
Caminando sobre una de las brechas de la Tierra...

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